• Raquel Mingo

LA VIDA EN LA TORMENTA



Daniela observó los árboles desprovistos de hojas, cuyas frágiles ramas se mecían al son del gélido viento de enero, y escuchó, en la lejanía, el retumbar del trueno que anunciaba el próximo chaparrón.



Una lenta sonrisa se fue dibujando en sus labios mientras las primeras gotas chocaban contra el cristal, y sintió aquella familiar calma, la que siempre la embargaba cuando la tormenta, impetuosa e intensa, llamaba a su ventana.


Cuando aquella sonrisa que pocos entendían alcanzó sus ojos, subió el volumen de la música hasta que el vidrio tembló, y se levantó.


Su rebeca de punto quedó tirada en el suelo del pasillo mientras iba hacia el salón, desprovisto de muebles hasta que llegaran los de la mudanza, al día siguiente.


La noche había caído con sorprendente rapidez, animada por los densos y negros nubarrones que descargaban su cólera contra los simples mortales.

Abrió la ventana, y de inmediato el viento, frío y cortante, se adentró en la sala, removiendo las cortinas, y añadiendo su propia canción, que se mezcló con la del equipo de música como si fueran una sola.


Aspiró con fuerza, y el inconfundible aroma a lluvia le impregnó la nariz, tan puro, tan limpio. Aquella electricidad única, que le erizaba todo el vello del cuerpo, como si fuera un ente vivo, la subyugó, una vez más.



Al principio fue solo un suave movimiento de vaivén, del que ni siquiera fue consciente. Sus caderas se mecieron solas al ritmo de la tempestad, en un primer momento de la que sacudía las calles, para después arreciar en su interior, donde su alma y su corazón siguieron la danza, cada vez más marcada y sinuosa. Más viva.


Podía escuchar los truenos, en una descarga continua de fuerza y poder, y sus manos recorrieron su cuerpo celebrando la vida, ansiando formar parte de la magia de la naturaleza.


No se preocupó de lo que alguien podía ver desde la calle: una muchacha joven, en ropa interior, bailando en su salón vacío.


Solo quiso celebrar la vida, conectarse a algo.


Aunque fuera a una tormenta.


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